sábado, 25 de enero de 2014

Todo en la vida tiene un límite

Por: Camagueyana indignada
Reparaciones capitales en la ciudad de los tinajones

Para cualquier camagüeyano que sienta un poco de amor por su apacible villa, por estos días constituye un orgullo pasear por sus calles adoquinadas que guardan recodos inesperados o por sus plazas de enseñoreado aire colonial.

Es gratificante ver con nuestros propios ojos como de la voluntad colectiva, bajo la dirección política y estatal, se logra ese renovado despertar que emerge del muy bien pensado proyecto “Ciudad 500”, el cual sin importar el costo inversionista va dirigido a alcanzar el bienestar del pueblo y que por sus resultados tanto en lo social como en lo económico muy bien nos regocijan, ocasionan la admiración del turista extranjero y hasta provocan la sana envidia de uno que otro visitante nacional.

Atentado al ornato público y a la dignidad de todos los camagüeyanos por parte de los "Disidentes"
Pero, lo que resulta inadmisible es ver como, sin importar las largas jornadas de hombres y mujeres que se empeñan por engrandecer la obra en su querido terruño; unos pocos, que, como bien dice un viejo refrán –ni dan ni dicen donde hay- haciéndose llamar “disidentes” sin ser más que lacayos asalariados, meros lame botas del mejor postor, se empeñan en deslucir el esfuerzo y al amparo de las sombras “afean nuestras fachadas”.

Acaso son sus mentes tan estrechas como para no percatarse que, con o sin su presencia, seguiremos adelante; que su actitud resulta contraproducente e inaceptable. Estos mismos camagüeyanos, los más, no estamos dispuestos a que se nos imponga su fanfarria y de ser preciso no dormiremos en cada barrio o Comité para velar por lo que sí es nuestro.

¿Vandalismo o vandali$mo?
A esos sin bandera, los invito a reflexionar y sumarse a esta obra en bien de la sociedad y que quieran o no, ya no tiene marcha atrás.

1 comentario:

  1. Desde Cali Colombia no hago más que recordar con agradecimiento al acogedor Pueblo de Camagüey; cuanto quisiera darles a conocer por qué el pueblo caleño es como una ciudad cubana: bailamos y cantamos su música, nos encanta el Papá Montero, dramatizamos la poesía de Nicolás Guillén. Además, sus paisajes tienen muchos lugares comunes, en especial cuando se trata de las palmeras; y las hermosas mujeres y el desarrollo académico de la juventud.... tanto, tanto: Un abrazo: Silvio Rebolledo

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